¿Eres resiliente?

Según el diccionario de la Real Academia Española se define la resiliencia como:

Resiliencia:

1. f. Psicol. Capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas.

2. f. Mec. Capacidad de un material elástico para absorber y almacenar energía de deformación.

En otras palabras resiliente es aquel individuo que cuando algún acontecimiento o circunstancia externa lo desvía de su camino, es capaz de volver a su centro y proseguir su camino. Y esto lo hace con cierta rapidez, sin entretenerse demasiado en lamentaciones ni llantos.

rítmicaEn la definición desde el prisma de la psicología, me gustaría señalar que la palabra clave es la flexibilidad. Flexibilidad para aceptar la circunstancia que ha “deformado” tu proyecto/tu plan, y flexibilidad para recuperar la energía que necesitas para continuar. Cuando algo socava tu trayecto, por lo general pueden pasar dos cosas:

  1. Que te rompas. Que tires la toalla. Que te rindas. Ésta es la peor manera de reaccionar. ¿Qué te pasa a ti con lo que te ha pasado? No tienes control sobre lo que viene de fuera: devaluación de la moneda, que el banco no te dé el préstamo, que tu mejor amiga se acueste con tu marido, lo que sea. Pero sí tienes control sobre tu reacción, sobre cómo te lo tomas y qué haces al respecto. Si te hundes, entonces no te estás queriendo lo suficiente. ¿Qué te impide levantarte de nuevo? Al final suele ser un “yo no lo valgo”, “no merezco la felicidad”. Si no mereces ser feliz, ¿quién lo merece? No te creo cuando me dices que no lo vales, que no eres lo suficientemente bueno/a, que no vales la pena. Qué cómodo quedarte allí en tu papel de víctima, llorando y quejándote de tu mala suerte. Lo bueno de lo malo que te ha pasado es que la vida te brinda la oportunidad de aprender algo que es importante para tu propia evolución.
  2. Que quedes “aturdido”, te tomes tu tiempo para centrarte, evalúes los “daños”, extraigas algún tipo de aprendizaje, y sigas adelante. El espacio de tiempo desde el momento del “golpe” hasta recuperar la serenidad y energía para continuar, puede variar de persona a persona. La clave de tu éxito está en reconocer cuáles son tus tempos y permitir que el proceso de recuperación se complete según tus parámetros. Si te recuperas con lentitud, no te metas prisa. Si te recuperas con prontitud, sé consciente de tu avance. Sea como sea, lo importante es aceptar y respetar tus tiempos naturales. Si quieres saber cuáles son, un truco es observar cómo de rápido sanas un corte, un resfriado, un brote depresivo. Tu cuerpo es el mejor indicador de tus procesos naturales.

Para aprender a recuperaros pronto de los contratiempos y adversidades, es decir, a ser más resilientes, os voy a proponer un ejercicio de “volver al centro”, que os explicaré paso a paso, para que hagáis en casa. Vais a necesitar a un ayudante.

enraizamientoPor lo general, si, estando de pie, alguien os empuja, perdéis el equilibrio y vuestro cuerpo se desplaza hacia un lado, por la fuerza del empujón (lógico) y nos pasa a todos. La resiliencia es la capacidad de volver a tu centro de masas, al equilibrio, allí donde estabas, en poco tiempo. Así que este sencillo ejercicio consiste en:

  1. Ponte de pie en algún lugar (aparta obstáculos que se encuentren cerca).
  2. Tápate los ojos con una venda (de modo que se refuercen tus sentidos y sobre todo el de la intuición)
  3. Pídele a un ayudante que te dé un empujón (sin pasarse, no se trata de que te tire al suelo, solo de que te desplaces o te haga perder el equilibrio)
  4. Después del empujón, regresa al punto inicial en el que estabas.

Lo que tardas en recuperar tu posición inicial es lo que te convierte en una persona más o menos resiliente. Para que el tiempo de recuperar la posición inicial se reduzca, puedes practicar con un pequeño ejercicio de “visualización”.

Repite el ejercicio anterior con tu ayudante, pero esta vez, antes de que te empuje, cierra los ojos (ponte la venda), y tras hacer dos respiraciones profundas imagina que eres un árbol fuertemente enraizado al suelo. Tómate tu tiempo (un minuto está bien). Realmente créete que eres ese árbol, con unas raíces profundas, fuertemente sujetas a la tierra, aunque tus ramas pueden moverse (incluso bruscamente con el viento), tu raíz, tu centro, tu esencia, es la de siempre, no se mueve.

resilienciaTras esta visualización, puedes proceder a repetir el ejercicio. Al finalizar, hazte esta pregunta:

¿Qué ha cambiado? ¿Qué ha sido diferente esta vez?

Si te crees que eres resiliente, entonces eres resiliente. Si no, no. Así de simple.

¡Suerte con el ejercicio! Ya me contaréis.

Saludos,

Miriam Fisas

La Coach de Lanzarote

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