Mi jefe es un terrorista y necesita aprender inteligencia emocional

jefe terroristaCarlos es un tipo grandote, fornido, de esos que solo con su presencia ya intimidan.  Tiene un timbre de voz robusto, fuerte.  Cuando habla da la sensación de que las paredes retumban.  Esta mañana me toca reunirme con él para tratar unos asuntos pendientes.  La verdad es que no suelo hablar mucho con él porque casi nunca está en la oficina.  Viene de Pascuas a Ramos y cuando está en la oficina se nota un ambiente tenso y espeso.  La gente parece más ocupada que nunca, todos revolotean de un lado para el otro haciendo ver que están metidos en mil temas.  Así parece que están trabajando y que no tienen tiempo de reuniones improvisadas con el jefe.  Le tenemos verdadero pavor.

Ayer por la noche me costó conciliar el sueño y eso que normalmente me duermo con facilidad, a pesar de la cantidad de trabajo que tengo. Al apoyar mi cabeza en la almohada podía notar la saliva agria y espesa en mi boca.  Sentía ardor de estómago y podría asegurar que mi aliento apestaba a desazón y nervios.  En los últimos días se ha estado anunciando la llegada del jefe y, como cada vez que viene, el clima en el trabajo se tiñe de inquietud y sobresaltos.  Todos en la oficina conocemos bien el mal carácter de nuestro jefe: siempre está gritando o apretando los puños (parece que quiera pegar a alguien).  Se enfada por cualquier cosa, recuerdo una vez que despidió sin piedad al de Contabilidad por un nimio y subsanable error en las cuentas.  Su temperamento nos aprieta igual que su cinturón oprime la magna panza que ostenta.  Diría que le despreciamos.

Stock PhotoMi dulce esposa, que se ha dado cuenta esta mañana de mi silencio angustiado, me ha preparado una tila y unas tostaditas, en vez del acostumbrado café con leche. Siempre nota si estoy desanimado o eufórico, y además hace justo lo que necesito en este momento.  Es como si se percatara de todos mis estados de ánimo y supiera cómo apaciguarme.  Le agradezco infinitamente esa habilidad.

Ya he llegado a la oficina y sigo nervioso. Puedo sentir esas mariposas en el estómago.  Trago saliva con dificultad. Estoy preparado para la reunión, he hecho mis deberes.  Llevo conmigo los informes que me ha pedido el jefe.  Los datos son exactos y están actualizados.  Pero ¿qué me pasa? ¿por qué estoy temblando? ¡Necesito calmarme!  Voy a beber un vaso de agua a ver si con esto se me pasa.  Ya falta poco, de aquí a 5 minutos iré a su despacho.  ¿Qué puedo hacer para distraerme mientras tanto? ¿Y si me entretengo con las estadísticas del mercado?  Voy a revisarlas.  A ver … Ay, no sé, parecen correctas, pero no puedo concentrarme.  Bueno, me quedaré aquí sentado hasta que sea la hora.  Qué lento se me está pasando el tiempo, parece una eternidad.  Pero ¡¿cómo puede estar afectándome tanto este tío?!  Venga, Miguel, tranquilízate.  Recuerdo que esta noche he tenido un sueño.

He soñado que ataba a mi jefe a una silla, lo amordazaba, y empezaba a cantarle las cuarenta.  Le decía: Estoy harto de cómo nos tratas. Nos tienes acojonados, solo esperas resultados pero no te interesas por nosotros y no digo a nivel personal, que ya no lo espero, sino a nivel profesional.  ¿Acaso no sabes que no hay espacio en el almacén y que los mozos se ven obligados a poner mercancía debajo de sus mesas de trabajo y que esto ralentiza las entregas? ¿Te has percatado de que cuando vienes todo son nervios y caras de preocupación? Cuando te reúnes con nosotros ¿acaso no te das cuenta de que te tenemos miedo porque no haces más que gritar y amenazarnos?  Y podría seguir, pero no sé si lograré algo con ello. jefe que grita

Se me antoja no obstante pedirte que trabajes lo siguiente:

  • Escucha más y habla menos.  Cuando me reúna contigo mírame a los ojos con AMOR y APRECIO y crea un clima de CONFIANZA.  Así te podré contar lo que me preocupa del trabajo y querré mejorar y rendir más.
  • Observa mis estados de ánimo.  Entérate de que además del trabajo, tengo esposa e hijos y que ellos son un pilar fundamental en mi vida.  Si algo va mal en casa, mi rendimiento baja.  En estos momentos no necesito tu acostumbrado “¡Miguel mueve el culo y dame resultados!”, sino más bien una simple pregunta lanzada desde el corazón, con HUMILDAD: “Miguel observo que últimamente andas disperso ¿Cómo están las cosas? ¿En qué te puedo ayudar?”
  • Si estás excesivamente etresado, no te desahogues con nosotros alzando los brazos y pegando gritos a diestro y siniestro.  Que sepas que esto nos bloquea y no nos deja pensar con claridad.  Nuestro cerebro deja de funcionar.  Así que si lo que quieres son resultados, asegúrate de CONTROLAR tu rabia, tu estrés, tu desesperación.  Cuenta hasta diez y respira hondo.  Vete a correr un rato y vuelve cuando te calmes, porque solo desde la SERENIDAD lograremos solucionar los problemas con creatividad y alegría. ¿Lo comprendes?

¡Ups, es la hora!  Me tengo que ir a la reunión.  Ánimo, traga saliva Miguel y dirígete a su despacho.  Vale, voy.

Si queréis ver una secuencia de la película “Glengarry Glen Ross”, no os perdáis este video.  Es una síntesis de lo que un jefe terrorista hace.  ¡Cuidado! porque es muy dura y puede herir sensibilidades.

Miriam Fisas

Coach Profesional Certificada ICF

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