El Síndrome de Dora o cómo superar una ruptura

Dora, niña confiada, espíritu libre embriagador objeto de envidias.  Dora, espontánea y natural, enamoradiza y romántica hasta la saciedad.  Intensa y apasionada, y a la vez, víctima del misterio – no sabe nada de Juan y se entrega en cuerpo y alma a un extraño. Dora, amante de la vida y del “aquí y ahora”, sin preocuparle del qué dirán.

 Dora mira al mar

¿Qué le pasa a Dora? Que se enamora “irremediablemente” del hombre perfecto sin pasado ni futuro: un navegante vividor que sabe disfrutar de los momentos dulces de la vida.  Juguetón y seductor: ¿cómo resistirse a él?

La trampa: elevar a la categoría de Dios a un igual, vivir un romance delicioso como en un mundo de ensueño, perdiendo de vista la realidad y desatendiendo compromisos sociales. Ver cumplido un sueño que al final no se cumple y, no pudiendo renunciar a ese sueño, resistirse a soltar lo que la intuición, el sentido común y la cordura consideran un apego que la encadena.

En pocas palabras, Dora se convierte en la esclava de un apego emocional que la sume en la más profunda de las tristezas.

ausenciaCuando Dora conoce al “pescador de sueños”, lo hace en circunstancias de “vida o muerte”. Juan la salva cuando se está ahogando, en cierto modo la devuelve a la vida.  Dora, casi sin darse cuenta, sitúa a Juan en un pedestal, él se convierte en su salvador, en un Dios.

Frases como: “mi vida no tiene sentido sin ti” “no puedo vivir sin ti” “si te vas, muero”, ilustran claramente el grado de dependencia que alguien puede sentir hacia otra persona.  Es muy bonito enamorarse de alguien e imaginar una vida junto a esa persona para siempre, pero ¡cuidado!  La trampa es creer que tu felicidad depende de esa persona, de su presencia, de su aprobación, de su atención o devoción.  En el momento en que el amante no contesta una llamada, o se despierta y no te dice el acostumbrado “buenos días princesa”, ya empiezas a dudar: “¿ya no le gusto?” “¿estará pensando en otra?”.  Te asaltan las dudas y empiezas a temer lo peor: “Ya no está enamorado de mí”.  Si tu felicidad depende de la atención o el amor que otra persona te da, entonces ¿qué pasa cuando está persona no está? ¿Acaso no podemos nosotros amarnos a nosotros mismos y prestarnos atención? ¿Por qué tenemos que depender de otros para tener nuestra dosis de estima y amor?

“Lo siento, espero que algún día puedas perdonarme. Hasta siempre”

Lo ideal sería plantear las relaciones sentimentales como un: “hoy estoy aquí contigo y te amo.  Te veo y te reconozco.  Agradezco tu presencia y apoyo.  El día que tú ya no estés, yo seguiré aquí conmigo y seguiré siendo feliz, porque además de amarte a ti aquí y ahora, también me amo a mí cada día, con o sin ti.  Me acepto y respeto profundamente y sé que vine solo a este mundo y me iré solo.  Yo soy mi propia fuente de amor y aceptación.

siempre Cuando una persona como Dora, está apegada sentimentalmente a su pareja, pone su vida en las manos de ésta. Le coloca encima el yugo de la responsabilidad de su vida y se anula a sí misma.  En el momento en que Dora necesita ver a Juan cada día, sentir su sexo y su amor cada instante, casi de forma compulsiva, Dora cae en la trampa de la dependencia emocional.  La pérdida de Juan provoca en ella una vida vacía, ya no le importa con quién va a pasar el resto de su vida.  Es capaz hasta de casarse con alguien a quien no ama y casi desprecia. Se resigna, se conforma.  Queda hipnotizada, anestesiada por el recuerdo de alguien que lo fue todo para ella. Si das tanto poder a alguien ¿cómo vas a evolucionar y a tomar tus decisiones? “Uy no, mejor no salgo con mis amigas el viernes, porque a mi pareja no le gusta”, o “Aunque yo prefiero la playa, al final compramos un chalet en la montaña porque allí es donde está su familia”, o “Él me dice que no trabaje porque prefiere que me quede en casa cuidando de los niños”.

“¿Cómo un sueño dulce se convierte en pesadilla?

¿Cómo una historia de amor se evapora y te quedas vacío,

sin sentir nada?

¿Dónde vas las caricias y las promesas de amor?”

¿Y tú? ¿Qué quieres tú? ¿Ya se te ha olvidado lo que realmente te gusta? ¿Acaso no recuerdas lo libre que eras cuando hacías lo que querías? Dora está tristeDecidiste renunciar a tus amigas, a tu gato, a tu casa, a tus gustos, a tu familia, por complacerle a él, no sea que si no lo haces ya no te dé su amor.  ¿Su amor?  ¿Realmente piensas que te ama? Él dejo de amarte el día que tú dejaste de amarte a ti.  El día que renunciaste a quién eres y a lo que quieres.

El apego es un estado emocional de vinculación compulsiva a una cosa o persona determinada, originado por la creencia de que sin esa cosa o persona, no es posible ser feliz.  Esto es falso.

Miriam Fisas

La Coach de Lanzarote

Fotografías: Ismael Martín Perdomo.

Modelo: Sara Hernández Eklund

Fragmentos de la novela La sirena de Famara: www.lasirenadefamara.com

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